Como él, yo.
Con tales enigmas y pesares en el corazón surcó Zaratustra el mar. Cuando estuvo a cuatro días de viaje de las islas bienaventuradas y de sus amigos, había logrado superar todo su dolor; victorioso y con pies firmes se hallaba elevado de nuevo sobre su destino. Y entonces Zaratustra habló así a su conciencia jubilosa:
Solo estoy de nuevo, y quiero estarlo, solo con el cielo puro y el mar libre; y de nuevo me rodea la tarde. En una tarde encontré por vez primera en otro tiempo a mis amigos, en una tarde también la segunda vez, en la hora que toda luz se vuelve mas silenciosa. Porque lo que de felicidad se encuentra aún en camino entre el cielo y la tierra, eso es lo que se busca, como busca asilo un alma encendida; a causa de la felicidad se ha vuelto toda luz más silenciosa ahora. !Oh, tarde de mi vida! En otro tiempo también mi felicidad descendió al valle para buscarse un asilo; allí encontró esas almas abiertas y hospitalarias.
¡Oh, tarde de mi vida! ¡Qué no he ofrecido yo a cambio de tener una sola cosa, esta serie viviente de mis pensamientos y esta luz matinal de mi más elevada esperanza!.
Y siguiendo la experiencia que me ha dado la vida, el destino todo en mi; he llegado a pensar que el dar no es recibir y que como siempre pensé, la vida si da lo que recibe. Porque felíz vivo, felíz viví y viviré, porque noble soy, porque sano estoy. No busco amar para ser amado, quien se gana mi amor libre será. Aunque ese amor sea traición, o esa amistad toque la falsedad con la punta de los dedos.
He dicho, estaré aquí para ver a quienes jugaron con ese "dar sin recibir" que les entregué cual petalo de rosas al cielo en otoño.
Sólo en la playa me sentaré a esperar. Ya verán.
